“La educación prohibida” debe ser parte del canon educativo del
docente. Nos provoca a refelxionar y confrontar nuestros temores
acerca del derrotero de la educación en nuestro país. Como reacción
aprendida, nuestra contestación inmediata sobre la aplicabilidad de
las propuestas educativas planteadas por todos los profesionales que
participaron del proyecto es: solo en sueños. Debido a nuestras
situaciones socio políticas y económicas estamos sumidos en un
estado de desesperanza que, a muchos, nos lleva a ver al país y la
gestión de sus habitantes con harto excepticismo. Luego de una
introspección aceptamos que, en efecto, si hay aplicabilidad de los
nuevos modelos y paradigmas presentados aunque sea en el microcosmos
de nuestra propia aula; que es por donde urge comenzar.
La
película convoca y reta a todo aquel que tenga conciencia moral y
social a comenzar “por la casa” y lo más pronto posible.
Para
los maestros y directivos cuya visión esté inamobiblemente centrada
en la educación tradicional, los educadores participantes en la
película han de ser una camarilla de “hippies” y
revoltosos sediciosos que promueven el caos social. Claro que me
sentí identificada con ellos a pesar de que algunas ideas levantaron
dudas y temor ante su implantación y la consecuente ruptura con lo
conocido; pero en general su mensaje hace el mayor de los sentidos.
Desde la adolescencia me he visto envuelta el labor comunitaria a
través de la iglesia. Recuerdo la llegada a nuestra congregación de
un pastor que era maestro de arte. Con el Reverendo Santana llegó
una cuadrilla de jóvenes creativos que nos enseñaron un nuevo
acercamiento a la labor de la iglesia en la comunidad. De mas está
decir que nos metimos en líos con el liderazgo de la iglesia que no
creía en realizar cambios. Fuimos etiquetados como “fríos”,
independentistas, libertinos, perversos pro homosexuales y otras
lindezas que veinticinco años mas tarde sigo llevando muy
orgullosamente. Si humanizarme significa ser todo eso díganme dónde
firmo. En mi labor magisterial puedo decir con plena paz que, aún
sin que se me permitiese salir del todo del molde establecido, he
hecho la diferencia en la vida de mis niños. Y eso una lo sabe
cuando,aunque hayan pasado años y tu chiquito o chiquita de Primer
Grado está en la universidad y al encontrarte por la calle se emociona
y nunca te olvida. En múltiples ocasiones el plan ha quedado a un
lado para atender la urgencia del momento, la curiosidad
impostergable, el miedo más grande o la celebración de un logro. No
he sido tal vez que mejor hace planes y me equivoco en mi proceder de
vez en cuando, pero puedo cambiar el trayecto lectivo para hacerlo
pertinente a quien tengo en mi salón.
En
Puerto Rico incorporaría el concepto de la educación adaptada a los
intereses del educando a fin de que se conozca y desarrolle su
vocación en la vida. Eso me parece fenómeno porque brinda sentido y
placer a la educación. Visceralmente uno piensa ¿y qué si no
quieren aprender matemática? Mi respuesta a ello es que, por
ejemplo, a todos nos es necesaria la matemática nos guste o no y que
el acercamiento a ella se dará por la necesidad que tendremos de
aprenderla. El rol del maestro sería el ser el agente incitador y el
“publicista” del conociemiento y las materias. Para ello el
maestro tiene que ser muy humano y creativo. Otras vertientes como la
eduación fuera de grados y cooperativa nos harían mucho bien en
términos sociales para sensibilizarnos y reaprender el vivir en
comunidad y tolerancia a la divergencia. Creo que como educadores
somos perfectamente capaces de lograrlo. Papá, mamá y el sistema
son otro cantar. Como diría el profesor José Arsenio Torres:
Agárreme esa gata por el rabo.
©Mónica Negrón 2013 Todos los derechos reservados
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