Wednesday, September 25, 2013

EDUC 106: La educación prohibida: Agente Provocador

TALLER 4



Invariablemente lloro en toda actividad donde haya una presentación hecha por niños o adolescentes. Por mas que trate de guardar la compostura termino haciendo una mueca feísima y con gotas que se desbordan de mis ojos. Naturalmente cuando llegamos en la película al profesor que emocionado define el principio de la educación como el amor y la necesidad imperiosa de amar a esos seres que tenemos en frente por sobre toda consideración impuesta por el sistema, ya estoy a lágrima tendida. “La educación prohibida” no es una película; es una experiencia rejuvenecedora. Resulta vigorizante porque me ha abierto al reconocimiento de erratas y la confirmación de métodos y procederes en los cuales siempre he estado correcta.

La educación prohibida” debe ser parte del canon educativo del docente. Nos provoca a refelxionar y confrontar nuestros temores acerca del derrotero de la educación en nuestro país. Como reacción aprendida, nuestra contestación inmediata sobre la aplicabilidad de las propuestas educativas planteadas por todos los profesionales que participaron del proyecto es: solo en sueños. Debido a nuestras situaciones socio políticas y económicas estamos sumidos en un estado de desesperanza que, a muchos, nos lleva a ver al país y la gestión de sus habitantes con harto excepticismo. Luego de una introspección aceptamos que, en efecto, si hay aplicabilidad de los nuevos modelos y paradigmas presentados aunque sea en el microcosmos de nuestra propia aula; que es por donde urge comenzar.
La película convoca y reta a todo aquel que tenga conciencia moral y social a comenzar “por la casa” y lo más pronto posible.

Para los maestros y directivos cuya visión esté inamobiblemente centrada en la educación tradicional, los educadores participantes en la película han de ser una camarilla de “hippies” y revoltosos sediciosos que promueven el caos social. Claro que me sentí identificada con ellos a pesar de que algunas ideas levantaron dudas y temor ante su implantación y la consecuente ruptura con lo conocido; pero en general su mensaje hace el mayor de los sentidos. Desde la adolescencia me he visto envuelta el labor comunitaria a través de la iglesia. Recuerdo la llegada a nuestra congregación de un pastor que era maestro de arte. Con el Reverendo Santana llegó una cuadrilla de jóvenes creativos que nos enseñaron un nuevo acercamiento a la labor de la iglesia en la comunidad. De mas está decir que nos metimos en líos con el liderazgo de la iglesia que no creía en realizar cambios. Fuimos etiquetados como “fríos”, independentistas, libertinos, perversos pro homosexuales y otras lindezas que veinticinco años mas tarde sigo llevando muy orgullosamente. Si humanizarme significa ser todo eso díganme dónde firmo. En mi labor magisterial puedo decir con plena paz que, aún sin que se me permitiese salir del todo del molde establecido, he hecho la diferencia en la vida de mis niños. Y eso una lo sabe cuando,aunque hayan pasado años y tu chiquito o chiquita de Primer Grado está en la universidad y al encontrarte por la calle se emociona y nunca te olvida. En múltiples ocasiones el plan ha quedado a un lado para atender la urgencia del momento, la curiosidad impostergable, el miedo más grande o la celebración de un logro. No he sido tal vez que mejor hace planes y me equivoco en mi proceder de vez en cuando, pero puedo cambiar el trayecto lectivo para hacerlo pertinente a quien tengo en mi salón.

En Puerto Rico incorporaría el concepto de la educación adaptada a los intereses del educando a fin de que se conozca y desarrolle su vocación en la vida. Eso me parece fenómeno porque brinda sentido y placer a la educación. Visceralmente uno piensa ¿y qué si no quieren aprender matemática? Mi respuesta a ello es que, por ejemplo, a todos nos es necesaria la matemática nos guste o no y que el acercamiento a ella se dará por la necesidad que tendremos de aprenderla. El rol del maestro sería el ser el agente incitador y el “publicista” del conociemiento y las materias. Para ello el maestro tiene que ser muy humano y creativo. Otras vertientes como la eduación fuera de grados y cooperativa nos harían mucho bien en términos sociales para sensibilizarnos y reaprender el vivir en comunidad y tolerancia a la divergencia. Creo que como educadores somos perfectamente capaces de lograrlo. Papá, mamá y el sistema son otro cantar. Como diría el profesor José Arsenio Torres: Agárreme esa gata por el rabo.

©Mónica Negrón 2013 Todos los derechos reservados
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